¿Quién salió con Zannanza?

Zannanza

Zannanza fue un príncipe hitita de mediados-finales del siglo XIV a. C.

El rey hitita Suppiluliuma I recibió la petición de una reina viuda de Egipto para que enviara a uno de sus hijos para casarse con ella. Desconfiando de una propuesta tan extraña, el rey hitita envió un emisario para asegurarse de que la petición era veraz.

Zannanza, cuarto hijo de Suppiluliuma I, fue el escogido por su padre para casarse con la reina egipcia. La identidad de esta reina no está del todo clara, aunque se cree que podría ser la viuda de Tutankamón, llamada Anjesenamón, pero también podría tratarse de la viuda de Akenatón o de la de Semenejkara.

Sin embargo, Zannanza murió antes de llegar a su destino, probablemente asesinado por orden del nuevo faraón, Ay. Suppiluliuma I entonces declaró la guerra a Egipto y su hijo Arnuwanda fue quien comandó la expedición de castigo.

Se desconoce casi por completo cómo fue el desarrollo de esta guerra. Una plegaria de Mursili II indica que los egipcios sufrieron perdidas considerables, hasta que una epidemia llevada por los prisioneros egipcios a Hattusa devastó el imperio hitita y causó la muerte de Suppiluliuma y de su hijo Arnuwanda.​

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Dakhamunzu

El llamado "caso de Dahamunzu" es un hecho de la historia egipcia que data de finales de la XVIII Dinastía, entre los años 1325 y 1315 a. C., aproximadamente. La protagonista de este sonado acontecimiento, que aún despierta la sorpresa entre los expertos, fue una reina viuda que escribió la siguiente carta al rey hitita Suppiluliuma I:

Los hititas eran un pueblo guerrero de Anatolia, que habían formado un gran imperio rival de Egipto. Técnicamente, egipcios e hititas eran enemigos acérrimos, y lo lógico es que el rey hitita no pudiera creerse una oferta tan ventajosa, pues su reino se extendería desde el Cáucaso hasta el África negra. Era imposible que un egipcio en perfectas condiciones mentales escribiera algo así; nunca antes se había permitido casar a un monarca extranjero con un miembro de la familia real.

Sin dar crédito a las informaciones de esta reina viuda, Suppiluliuma envió emisarios a Egipto para cerciorarse de que esto era cierto. Ese lapso de tiempo fue valioso y la reina volvió a contestar, reprochándole su desconfianza:

Suppiluliuma no se lo pensó ni un momento más y envió a uno de sus hijos,​ el príncipe Zannanza, a Egipto a gran velocidad. Sin embargo, el príncipe fue asesinado de camino al país​ y la conjura de la reina fue desbaratada por completo, cosa que provocó que la enemistad entre egipcios e hititas creciera aún más. La idea de un rey hitita en el trono de los faraones había estado muy cerca de cumplirse, no obstante, sólo se quedó en un intento infructuoso.

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